Lo Que Dice Mi Corazon Ahora

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Estoy en el Cusco (Perú) desde hace mas de dos meses y siento como si hubiera estado aquí por mucho mas tiempo. El tiempo se va volando y habría tantas historias que contar que lo hace difícil de elegir una historia no mas.

Hoy día, decidí de enfocarme en como se siente para mi de estar trabajando con niños que fueron abandonados por sus padres por varias razones. Como persona adoptada que ha luchado con la herida del abandono, como Nancy Verrier describe en su famoso libro llamado “La Herida Primaria”, es cierto que me toca el corazón de manera profunda de poder ofrecer apoyo emocional a estos niños.

Con la ayuda de varias formas de psicología y terapias alternativas, ya hice mucho trabajo sobre mi misma, mi pasado, mi adopción, mis papas biológicos, mi familia adoptiva, y mi propia herida de abandono. Sin embargo, como terapeuta, hay veces y ocasiones cuando mi corazón se pone a llorar cuando veo la pena en los ojos de los niños. Algunos niños muestran síntomas que conozco personalmente: pena profunda, tristeza, rabia contra la vida y odio contra si mismo, miedo a que la gente no nos quiere y terror a la idea de ser rechazado y abandonado otra vez, la necesidad de ser perfecto para ser amado, desconexión de nuestras emociones y sensaciones, hiperactividad en el sistema nervioso que no nos deja relajarnos verdaderamente, creencia que no se puede confiar en nadie, problemas de establecer relaciones estables, falta de motivación y esperanza para lograr una meta, necesidad de reprimir sus emociones y ponerse una mascara …

Cuando reconozco lo que pasa en el cuerpo, corazón y mente de mis jóvenes clientes, tengo un instinto fuerte que quiere protegerlos para que no sientan el dolor que yo sentía por tantos años. Es como una fuerza subconsciente que surge a dentro de mi y tengo que tomar unas respiraciones profundas para hacerme recordar que mi tarea no es de ‘salvar’ a estos niños. Mi trabajo de terapeuta es de ofrecer un espacio seguro para que puedan empezar a expresar y regular sus emociones, cambiar sus pensamientos, tranquilizar su sistema nervioso, aprender a creer en si mismo, y tener amor para si mismo entre otras cosas. En otras palabras, en vez de querer que no sienten pena, mi misión es de estar allá abajo en la caverna obscura con ellos para que no estén solos, de estar en su lado con amor y compasión, ofreciéndoles mi mano como apoyo si lo desean, prender una vela para que juntos podamos explorar su herida poco a poco hasta que estén listos para empezar a curarla.

También me acuerdo que esos niños tienen todas las capacidades necesarias para curar su herida y vivir una vida llena de amor y felicidad. Me acuerdo que yo también he podido hacer este cambio. Me acuerdo que es posible cambiar. Me acuerdo que todo pasa, también el dolor cuando uno le da cariño y ofrece amor para aliviarlo. Me acuerdo que nuestro pasado no nos define como ser humano. Ma acuerdo que todo esto es una posibilidad inmensa de crecer y desarrollarse como persona y como alma en nuestra tierra.

Y acordarme de esto me ayuda a sentirme relajada y tranquila… y puedo estar en la presencia de mis clientes sin querer sacarles su dolor … pero solo ofreciéndoles amor incondicional, empatía, entendimiento, y compasión.

Ahora entiendo que mi propia historia y mi propio pasado me da la capacidad de conectarme con estos niños, entenderles profundamente, y ofrecerles el apoyo que yo hubiera querido recibir cuando crecí. Y me siento llena de felicidad y de cumplimiento, con corazón abierto a la vida y la a gente. Y mas que todo me siento agradecida a la vida por haber encontrado mi meta personal y spiritual, de poder apoyar a otras personas que han sido afectadas por esta herida del abandono.

Gracias!